Construcción tipo Lego

«Casa Raíz», el sistema que busca convertir residuos plásticos en viviendas. A partir de materiales reciclados, la idea es producir bloques tipo Lego que se encastran sin pegamento. La iniciativa busca reducir costos y tiempos de obra, y generar una cadena de trabajo vinculada con la recuperación de residuos. 
Panorama28 de octubre de 2026por Redacciónpor Redacción
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Material de Prensa

¿Puede la basura convertirse en parte de una solución al problema habitacional? Esa pregunta está en el origen de «Casa Raíz», un proyecto desarrollado por el diseñador industrial Alejandro Raúl Carpena y seleccionado en el concurso UNC Innova, de la Secretaría de Innovación y Vinculación Tecnológica de la UNC. La propuesta aborda dos problemas que atraviesan a las ciudades: la dificultad de acceso a una vivienda adecuada y la acumulación de residuos plásticos. El proyecto forma parte del catálogo UNC Innova 2026. 

En Argentina, las condiciones habitacionales muestran importantes carencias. Según datos del Indec en 2025 el 19% de los hogares de los 31 aglomerados urbanos relevados habitaba viviendas con materiales parcialmente insuficientes o insuficientes (paredes sin revocar, techos de chapas o sin cielorraso, pisos de tierra o de ladrillos sueltos). En tanto, el 12% tenía saneamiento inadecuado (sin baño en la vivienda).

Casa Raíz propone abordar ambas problemáticas mediante la combinación de diseño industrial, reciclaje y construcción modular. El proyecto nació a partir de un trabajo de Carpena con una empresa de Mendoza dedicada al reciclado de plástico y la fabricación de «madera» de ese material. La búsqueda inicial era desarrollar nuevos productos, pero en ese proceso surgió la posibilidad de aplicar esos conocimientos en el desarrollo de viviendas.

“Se me ocurrió hacer un ladrillo tipo Lego”, cuenta el diseñador. Pero rápidamente advirtió que no alcanzaba con reemplazar un ladrillo convencional por uno fabricado con plástico reciclado.

La diferencia está en el diseño. Casa Raíz utiliza una familia de piezas (rectangulares, cuadradas, en L, T y cuña) que, al combinarse, permiten construir los muros y definir distintas plantas arquitectónicas. Los bloques se encastran entre sí, sin necesidad de pegamentos o aglutinantes, hasta conformar una estructura autoportante. Además, son prácticamente macizos, una característica que les aporta peso, pero también aislamiento térmico y acústico.

El sistema incluye una platea construida con componentes de plástico reciclado y se completa con una estructura metálica para el techo y elementos que permiten incorporar una cubierta vegetal. De esta manera, explica Carpena, se busca evitar la edificación tradicional húmeda y simplificar el montaje. “Toda la obra es completamente en seco”, apunta.

Diseño evolutivo y sustentable

Para el diseñador, el diferencial del proyecto no está solamente en el bloque, sino en lo que ocurre antes y después de levantar una vivienda.

El circuito comienza con la recolección de los residuos y continúa con el acopio, lavado, triturado, fundición y prensado del plástico, hasta llegar a la fabricación de los componentes. Carpena plantea una red que incluya pequeños centros de acopio y plantas de transformación para organizar el circuito de recuperación de materiales.

“No es solamente una vivienda, es un sistema completo de reciclado sustentable y circular donde la casa representa el último eslabón de la cadena”, sostiene. Y agrega que el proceso permite utilizar todo tipo de residuos plásticos: botellas, tapitas, juguetes o bolsas, sin necesidad de separarlos previamente. “Se puede reciclar el 100% del insumo plástico que hoy desecha la ciudad”, asegura.

Una vez convertido en bloque, el material puede volver a triturarse y fundirse para fabricar más componentes, lo que permitiría reutilizarlo en nuevos ciclos de producción.

Otro punto clave del proyecto es su capacidad de adaptación, pensada para acompañar las necesidades cambiantes de los hogares a lo largo del tiempo.

La propuesta contempla tres modelos iniciales de vivienda, con una configuración básica que puede ampliarse. Una unidad puede comenzar como monoambiente, con cocina y baño, y posteriormente incorporar habitaciones u otros espacios. “Cada persona puede agregar una pared, un cuarto o un baño según sus necesidades”, indica.

La modularidad también permite prever distintos usos. El sistema fue concebido para viviendas particulares y para proyectos destinados a sectores que necesitan soluciones habitacionales, pero también podría aplicarse a complejos turísticos, cabañas, escuelas, dispensarios y otras construcciones.

Los componentes se fabrican previamente y se trasladan hasta el lugar donde será instalada la unidad. Allí se realizan las perforaciones, se montan los pilones, se levantan los muros y se cierra la estructura. El objetivo es que una casa tipo monoambiente pueda estar montada en siete días, mientras que las ampliaciones se realizan posteriormente.

Potencial socioeconómico 

El impacto del proyecto excede la construcción. La recuperación de residuos, el acopio y la fabricación de los componentes podrían generar puestos de trabajo. Además de los bloques para viviendas, el mismo material podría utilizarse para fabricar mobiliario, equipamiento urbano, adoquines y elementos para infraestructura vial.

La intención es que esa cadena permita no sólo crear empleo, sino también convertir un residuo en un recurso con valor productivo. “Transformar un material pasivo en un activo sustentable”, sintetiza Carpena.

Desde el punto de vista económico, el diseñador industrial estima que una Casa Raíz podría costar entre un 60% y un 70% menos que una vivienda convencional, y también plantea que el modelo podría trasladarse a otras provincias y países, adaptando su implementación a las condiciones de cada territorio.

La propuesta incorpora además paneles solares y un sistema simplificado de biodigestores para el tratamiento de aguas grises y negras, de acuerdo con el diseño presentado por su desarrollador.

Actualmente, el proyecto se encuentra en una etapa de desarrollo y validación previa a la construcción del primer prototipo. El desarrollador trabaja junto al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) en los ensayos técnicos necesarios para certificar los materiales antes de pensar en una implementación a mayor escala. En paralelo, busca proteger la propiedad intelectual del sistema y obtener financiamiento para concretar la primera unidad.

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Fuente: Agencia UNCIENCIA

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